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30 años después Argentina no olvida -sus- Malvinas

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30 años después Argentina no olvida -sus- Malvinas

  Crónica de la semana

 

 


 

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Argentina will not forget "their" Falkland Islands-

Era un archipiélago perdido en las heladas aguas del Atlántico Sur. Era una esquina del mundo, poblada apenas por 3.000 habitantes dedicados casi en exclusiva a la ganadería lanar. Eran y son las Islas Malvinas, las Falkland, ocupadas por el Imperio Británico en 1833, y desde entonces bajo la soberanía de Londres.

En 1982 la dictadura militar argentina vio en la reconquista de las Malvinas la mejor herramienta para aglutinar el sentimiento nacionalista e insuflar oxígeno a un régimen moribundo.

El general Leopoldo Galtieri lanzó el 2 de abril una operación de comando saldada inicialmente con la ocupación de Puerto Argentino, Port Stanley en su nombre oficial inglés, y clavando la enseña argentina en el territorio malvinense.

Pero midió mal sus fuerzas. No contaba la dictadura con la determinación de una primera ministra británica, Margaret Thatcher, a punto de ser defenestrada por su propio Partido Conservador, y que encontró en la defensa a toda costa del archipiélago el resurgimiento de su  decaído liderazgo.

Fueron  dos meses de guerra, disputada entre soldados argentinos de reemplazo, mal equipados y escasamente preparados, y los combatientes profesionales británicos. Una guerra saldada con la muerte de 225 británicos y 650 argentinos. Entre estos últimos, la mayor parte de la dotación del buque insignia de la Marina argentina, el crucero Belgrano, hundido en represalia por la destrucción del acorazado Sheffield.

Treinta años después, en Buenos Aires hay una presidenta elegida democráticamente por una mayoría aplastante. Cristina Fernández ha vuelto a aglutinar al pueblo argentino en torno de la reivindicación de unas islas que considera usurpadas.

La presidenta ha vuelto a pedir a Londres negociaciones directas para abordar la cuestión de la soberanía. El primer ministro, David Cameron, le respondió esgrimiendo el derecho de autodeterminación de los habitantes de las Falkland, que prefieren tener pasaporte británico, además de su amplia autonomía y autosuficiencia financiera.

Cristina Fernández despachó a su ministro de Asuntos Exteriores, Héctor Timerman, a Nueva York, para plantear ante Naciones Unidas la descolonización del archipiélago. Una reivindicación que se sucede año tras año desde que la ONU emitiera su dictamen en 1965.

A su vez, David Cameron despachó al Dauntless, el destructor más moderno de la Marina británica, recibido en Port Stanley como la garantía de que Londres les seguirá protegiendo.

Más aún, el príncipe Guillermo, hijo del heredero de la Corona y nieto de la reina Isabel II, aterrizó en el archipiélago para completar, a lo largo de seis semanas, su formación como piloto de helicópteros de rescate y salvamento. Un gesto contemplado por la Casa Rosada como una provocación.

La escalada verbal ha ido en aumento, sobre todo después de que Argentina acusara al Reino Unido de introducir armas nucleares en el área de exclusión de las Malvinas. Una acusación respondida por Londres con alusiones al presunto colonialismo de Buenos Aires.

En medio, el secretario general de Naciones Unidas, Ban ki-moon, llamaba a ambas partes a bajar el diapasón.

Hay un fondo con olor a petróleo en esta pelea verbal. Londres ha autorizado ya las primeras perforaciones en una zona que se supone muy rica en hidrocarburos y otros minerales. Las prospectivas británicas cifran en 8.300 millones de barriles el crudo a extraer de los cuatro yacimientos submarinos explorados por la Borders & Southern Petroleum.

Un tesoro que Argentina considera le pertenece por estar en el lecho marino de un territorio que considera suyo.

Lo mismo que la riqueza que suponen los caladeros de pesca en torno al archipiélago, y cuyas licencias han convertido a los kelpers, los habitantes de las Falkland, en auténticos multimillonarios.

De momento, en esta escalada de declaraciones y actuaciones hostiles, Buenos Aires ha exigido a sus aliados de América Latina que no permitan el atraque en sus puertos de barcos con la enseña de las Falkland.

Sus habitantes temen que la presidenta Fernández llegue a exigir también a Chile que prohíba el único vuelo comercial que une semanalmente a las islas con el continente americano.

Ese vuelo atraviesa territorio argentino.

Si Cristina Fernández y sus homólogos de América Latina estrecharan el cerco, la vida de los malvinenses sería mucho más difícil. Todo lo que consumen tendría que venir de Londres, a 15.000 kilómetros de distancia, con unos costes de transporte siderales. Los precios ya se han disparado, lo que aumenta el resentimiento de los kelpers hacia los argentinos.

Pero, de momento nadie cede…


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